Frío. Alexandra tiritó. Estaba helada. Un suave sol le iluminaba la cara. Amanecía. ¿Qué había pasado? Una lámina de hielo se deslizó entre sus dedos antes de abrir los ojos.
La luz mortecina del sol matinal iluminaba todo lo que la rodeaba. Una manta cubría su cuerpo. Sobre sus brazos pequeñas gotitas heladas resbalaban. ¿De dónde salía todo aquel hielo? Toda su ropa estaba húmeda, cubierta de astillas de madera: lo recordó todo. Kirhom le había atacado, su mente se nubló, no pensando en nada más. Se irguió de repente, buscándolo.
Estaba rodeada de un grupo de árboles bajos cubiertos de unas gigantescas flores amarillas. Más allá de ellos, de una casa baja salía un humo blanquecino. La chimenea estaba encendida.
- Pasa, pasa. -la voz de Kirhom seguía siendo fría, aun así tenía un tono ligeramente distinto que el de la pasada noche.
Dark se paró en la puerta. Kirhom la miró.
- Tienes la piel de gallina. Lo siento por el frío. Acércate, estoy encendiendo el fuego y...
- No.
- Te sentará bien, y te explicaré qué pasó ayer.
- ¿Te has cortado?
- Sólo un rasguño. Acércate. -No dejó que vacilase.
A Alexandra se le iba pasando el frío.
- Ponte esto. ¿Mejor?
- Mejor.
- Me atacaste.
Fue frío y directo, y lo peor era que estaba en lo cierto.
- Fuiste tú quién me trató mal.
- No...
- Tú me insultaste y me trataste mal. ¿Por qué?
- Porque era necesario.
Alexandra había chillado, Kirhom, en cambio, mantenía el mismo tono.
Un silencio incómodo cayó en la sala. El fuego chisporroteó, como los ojos de Alexandra.
- Era necesario. Tenía que hacer...
- ¿Qué? ¿Atacarme?
- No te ataqué. -contestó Kirhom, de nuevo, tranquilo.
- Vale, fui yo.
- No me refiero a eso, había un grupo de cuatro personas, junto a la cabaña. Gracias a que nos fuimos de allí no vinieron más, llamaste la atención con tanta energía.
Dark palideció.
- Encenderé el fuego, las ramas están mojadas y se apagan.
Kirhom extrajo de su vaina su espada, negra como la noche, en su filo se reflejaba toda la habitación. Al colocarla sobre las ramas, Dark vio como éstas estallaban en llamas. La espada se iluminó con su brillo.
- No está manchada.
Kirhom siguió apilando ramas.
- La espada no está manchada. -repitió Dark. -¿Ya la has limpiado?
- Sí.
- ¿Y dónde están las manchas?
- No están.
- Pero... ¿los mataste? A los atacantes de anoche.
- Sí, no me quedó otra. Y no me agradó.
- Pero...
- Eres un poco pesada. -Kirhom lo soltó con el mismo tono de voz, no parecía enfadado. -No hay manchas en la espada, pero sí tengo "un rasguño" y sí había manchas en la ropa. Ecoeoa es especial
- ¿Qué?
- La espada, es muy especial.
- Mierda.
El fuego se apagó de nuevo.
lunes, 2 de noviembre de 2009
Capítulo 2 - Hielo y fuego (parte 3)
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domingo, 11 de octubre de 2009
Capítulo 2 - Hielo y fuego (parte 2)
Dark se acababa de desmayar. ¿Por qué lo había atacado? ¿No se había dado cuenta de que estaba actuando? Era obvio. La espada aun estaba calente. Eso le ayudaría, al fin y al cabo, estaba en su naturaleza.
Una sombra oscura, que salió de la luz de las llamas, lo sacó de su asombro. La espada brilló un segundo antes de alzarse, siniestra. Kirhom paró el fuerte golpe casi sin inmutarse. Fintó. El hombre se tambaleó cortando el aire. De nuevo, el sonido de las espadas estalló de nuevo, hendiendo el aire, en apenas dos segundos, habían apareceido de los arbustos tres personas más que rodearon a Kirhom. estaba atrapado. Los golpes se sucediero; pero no lo suficientemente rápido para dañarle.
Se movía como una sombra, difuso e inalcanzable. La espada negra reflejaba el fuego, refulgiendo en la batalla. Los golpes se sucedían uno tras otro: finta, estoque, golpe, golpe, corte... La sangre mana a borbotones. Quedan tres. Corte, finta, golpe. Dos. Golpe, corte. Uno.
El último oponente estaba exhausto, cargaba una pesada espada, grande, un mandoble. Levantó la espada. Demasiado lento. Kirhom se apartó justo antes de que la espada lo alcanzara, para que la inercia le impidiera cambiar la trayectoria, la arena sobre la que momentos antes se encontraba estalló como un volcán. Magia. Con un rápido movimiento, Kirhom se agachó esquivando una estocada alta, si paraba la espada el golpe sería terrible; pero si no esquivaba la trayectoria sería cortado como un queso. Agachado, noto como el aire se combaba y salia disparado sobre su cabeza. Un poco más atrás, la parte de arriba de la cabaña, que aun ardía se desprendió de la parte de abajo y cayó al suelo con un estrépito, junto a Dark, las llamas casi acariciaron su piel. Tenía que darse prisa. El mandoble se volvió a levantar, gigantesco y terrible, preparado para dar el último golpe. La espada de Kirhom brilló reflejando la luz del fuego y paró el golpe, tembló, el aire seguía tan quieto como antes. Sonrió siniestramente. Antes de que su oponente pudiera reaccionar, la espada negra se alimentaba de su sangre. Cayó al suelo, muerto.
Kirhom envainó su espada y corrió hacia el cuerpo inconsciente de Dark, estaba muy caliente, pero no presentaba quemaduras. Con cuidado, la retiró del fuego. Respiraba profundamente.
Una sombra oscura, que salió de la luz de las llamas, lo sacó de su asombro. La espada brilló un segundo antes de alzarse, siniestra. Kirhom paró el fuerte golpe casi sin inmutarse. Fintó. El hombre se tambaleó cortando el aire. De nuevo, el sonido de las espadas estalló de nuevo, hendiendo el aire, en apenas dos segundos, habían apareceido de los arbustos tres personas más que rodearon a Kirhom. estaba atrapado. Los golpes se sucediero; pero no lo suficientemente rápido para dañarle.
Se movía como una sombra, difuso e inalcanzable. La espada negra reflejaba el fuego, refulgiendo en la batalla. Los golpes se sucedían uno tras otro: finta, estoque, golpe, golpe, corte... La sangre mana a borbotones. Quedan tres. Corte, finta, golpe. Dos. Golpe, corte. Uno.
El último oponente estaba exhausto, cargaba una pesada espada, grande, un mandoble. Levantó la espada. Demasiado lento. Kirhom se apartó justo antes de que la espada lo alcanzara, para que la inercia le impidiera cambiar la trayectoria, la arena sobre la que momentos antes se encontraba estalló como un volcán. Magia. Con un rápido movimiento, Kirhom se agachó esquivando una estocada alta, si paraba la espada el golpe sería terrible; pero si no esquivaba la trayectoria sería cortado como un queso. Agachado, noto como el aire se combaba y salia disparado sobre su cabeza. Un poco más atrás, la parte de arriba de la cabaña, que aun ardía se desprendió de la parte de abajo y cayó al suelo con un estrépito, junto a Dark, las llamas casi acariciaron su piel. Tenía que darse prisa. El mandoble se volvió a levantar, gigantesco y terrible, preparado para dar el último golpe. La espada de Kirhom brilló reflejando la luz del fuego y paró el golpe, tembló, el aire seguía tan quieto como antes. Sonrió siniestramente. Antes de que su oponente pudiera reaccionar, la espada negra se alimentaba de su sangre. Cayó al suelo, muerto.
Kirhom envainó su espada y corrió hacia el cuerpo inconsciente de Dark, estaba muy caliente, pero no presentaba quemaduras. Con cuidado, la retiró del fuego. Respiraba profundamente.
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