Alexandra saltó y dio de bruces contra la rama seca de uno de los árboles que la rodeaban, la flecha se clavó cimbreando junto a ella. El silbido al soltar de nuevo la cuerda del arco atravesó el aire recordándole a una serpiente lanzando su mordedura, un instante después, rodó por el suelo rasguñándose por todas partes con las prominentes piedras. Notó el calor en las manos y casi al instante éstas empezaron a arder con un fuego negro que no le quemaba. Miró el fuego, sorprendida, pero ya sabía lo que tenía que hacer, ya lo había hecho una y mil veces en aquella sala de entrenamiento y, aunque las primeras veces se había desmayado esta vez lo conseguiría, moviendo el brazo como si estuviese golpeando una pelota le lanzó el fuego a su enemigo. Sonriendo, vio como la pequeña nube de fuego se desintegraba al chocar contra una pared invisible a escasos centímetros de él. Se desmayó.
- Buenas tardes, Dark.
La sonrisa del que hacía unas horas le lanzaba flechas fue lo primero que vio Alexandra al abrir los ojos. Se encontraba en la enfermería, en aquella habitación que ya le era familiar, con la butaca marrón junto a ella y el sol bajo de la tarde dándole de lleno en la cara.
- Esta vez me habrías alcanzado, lanzaste una llama tan poderosa que hizo temblar mi barrera.
Alexandra sonrió, aun estaba débil, la magia le consumía demasiada energía y ese era su principal problema. Una de las gigantescas mariposas de aquel lugar trazó un arco con su sombra al pasar junto a la ventana. Se tocó al lado de la cabeza y sintió una punzada de dolor, tenía un chichón.
- Debes tener más cuidado, la jefa dice que podrías haberte matado al utilizar demasiada magia pero ya sabes como es. – Exnar soltó una risa suave.
Dark rió con él. Sabía que era peligroso usar tanta magia pero ella no lo controlaba, hacía apenas dos semanas que le habían enseñado lo que podía hacer, lo que ello significaba y los peligros que entrañaba; pero se sentía incapaz de hacer nada más. Su jefa le había repetido hasta la saciedad todo lo que debía saber y, aun así, ella era incapaz de llevarlo a la práctica. Exnar debió ver su cara de preocupación.
- Tranquila, ya lograrás usar la magia cuando quieras y en su justa medida. Ten en cuenta que lo que a nosotros nos cuesta años dominarlo tú estás siendo obligada a aprenderlo a la perfección en muy poco tiempo. Es más, yo me habría vuelto loco si de un día para otro mi vida cambiase tan rápidamente y, al día siguiente ya estuviese estudiando la geografía, las leyes, la historia… todo, todo de un mundo totalmente nuevo.
- S…sí. –Alexandra carraspeó, tenía la garganta seca y le costaba hablar. – Supongo que pienso poco en ello.
Pero eso no era verdad. Desde el primer día que llegó a aquella especie de “base” le habían explicado todo, y Alexandra no había podido dejar de pensar en ello ni una sola vez.
Nada más llegar y despertarse, pues después le explicaron que la llevaron dormida hasta aquel extraño sitio, la jefa se dirigió a su habitación, la misma en la que se encontraba en ese momento.
lunes, 6 de julio de 2009
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