domingo, 26 de julio de 2009

Capítulo 2 - Hielo y fuego

- Mi nombre es Kirhom. ¿No vienes?

Alexandra echó a andar tras el muchacho, era increíble lo rápido que se movía sin levantar la más mínima cantidad de arena. Ella casi no podía andar con sus sandalias.

-Anda descalza. -susurró a su oído.

En el momento en el que ella había mirado a sus pies intentando quitar la arena que se colaba en la sandalia Kirhom se había colocado junto a ella sin hacer ruido. El muchacho también se había quitado sus zapatos. Alexandra se sonrojó al notar el olor del chico, estaba muy cerca.

- Esperaba que me mandasen a alguien más preparado. -espetó el chico.

Alexandra se sobresaltó por el tono que había utilizado, demasiado alto; pero no dijo nada. Simplemente comenzó, de nuevo, a andar tras él. Esperando que siguiese hablando. Sus órdenes habían sido claras, tenía que hacer lo que le dijesen sin importar la actitud que tuviesen hacia ella, sin hacer nada más.

- No alguien sin talento. -Dark frunció el ceño. -Lo que tengo preparado será complicado y, permíteme que dude de ti si ni siquiera te han dicho para qué vienes.
- Sí...
- Déjame hablar, ¿quieres? -espetó, frío- Resulta desalentador que una misión tan importante recaiga en tus manos. Una novata, alguien que ni siquiera sabe a lo que se va a enfrentar y que no domina sus poderes.

Alexandra se detuvo, estaba realmente enfadada, y confusa. ¿Quién era aquel imbécil? ¿Qué se había creído? Temblaba de ira. Noto el calor en las manos, acumulándose.

- No te pares, ya estamos cerca. -dijo el muchacho parándose y mirándola significativamente. Alexandra no le siguió.

Estaba parada, junto a una de esas casetas de madera que se ponen en las playas rodeada de matorrales espesos. Se habían alejado bastante de la ciudad. El viento susurraba cruzando entre las hojas puntiagudas.

- Sígueme. -volvió a ordenar Kirhom con voz fría. Alexandra siguió quieta.

El viento soplaba y hacía crujir las plantas. Sus manos cada vez más calientes. ¿Por qué le estaba afectando tanto aquel muchacho? Normalmente no era así, soportaba mucha más prepotencia y arrogancia que la que Kirhom le estaba dedicando. Alzó las manos, sintiendo que perdía el control.

- Por favor, quédate quieta. -dijo el muchacho. Su voz no tembló. No tenía miedo. -Baja las manos sígueme y no pasará nada.

Fue visto y no visto. Alexandra no lo soportó más, sabía que no debía hacerlo, que no había intentado controlar la cantidad de magia, que se dsmayaría, que, probablemente, lo heriría de gravedad. No le importó.

La ráfaga de fuego negro se dirigió hacia el muchacho directa, dirigida por su voluntad, incinerando todo lo que atravesaba su camino. En un abrir y cerrar de ojos Kirhom desenfundó una espada, negra como la noche, como aquel fuego que ella controlaba.

Las fuerzas le abandonaban.

Mucho antes de que el fuego le alcanzará, Kirhom ya había interpuesto la misteriosa espada entre él y la llama. ¿Qué pretendía hacer? Alexandra cayo de rodillas.

Sus ojos se cerraban. Se desmayaba.

La espada brilló por un momento, reflejando las luces de las estrellas justo cuando la alcanzó el fuego negro. Alexandra ya no sabía si lo que estaba viendo era real. La espada había atrapado el fuego y, con un movimiento de Kirhom, lo había disparado hacia ella; pero erró el tiro. Ya en el suelo, a punto de perder el conocimiento, pudo sentir el calor que emanaba de las llamas. Demasiado calientes, demasiado cercanas...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tú opinión me importa: