lunes, 2 de noviembre de 2009

Capítulo 2 - Hielo y fuego (parte 3)

Frío. Alexandra tiritó. Estaba helada. Un suave sol le iluminaba la cara. Amanecía. ¿Qué había pasado? Una lámina de hielo se deslizó entre sus dedos antes de abrir los ojos.

La luz mortecina del sol matinal iluminaba todo lo que la rodeaba. Una manta cubría su cuerpo. Sobre sus brazos pequeñas gotitas heladas resbalaban. ¿De dónde salía todo aquel hielo? Toda su ropa estaba húmeda, cubierta de astillas de madera: lo recordó todo. Kirhom le había atacado, su mente se nubló, no pensando en nada más. Se irguió de repente, buscándolo.

Estaba rodeada de un grupo de árboles bajos cubiertos de unas gigantescas flores amarillas. Más allá de ellos, de una casa baja salía un humo blanquecino. La chimenea estaba encendida.

- Pasa, pasa. -la voz de Kirhom seguía siendo fría, aun así tenía un tono ligeramente distinto que el de la pasada noche.
Dark se paró en la puerta. Kirhom la miró.

- Tienes la piel de gallina. Lo siento por el frío. Acércate, estoy encendiendo el fuego y...
- No.
- Te sentará bien, y te explicaré qué pasó ayer.
- ¿Te has cortado?
- Sólo un rasguño. Acércate. -No dejó que vacilase.
A Alexandra se le iba pasando el frío.
- Ponte esto. ¿Mejor?
- Mejor.
- Me atacaste.
Fue frío y directo, y lo peor era que estaba en lo cierto.
- Fuiste tú quién me trató mal.
- No...
- Tú me insultaste y me trataste mal. ¿Por qué?
- Porque era necesario.

Alexandra había chillado, Kirhom, en cambio, mantenía el mismo tono.
Un silencio incómodo cayó en la sala. El fuego chisporroteó, como los ojos de Alexandra.

- Era necesario. Tenía que hacer...
- ¿Qué? ¿Atacarme?
- No te ataqué. -contestó Kirhom, de nuevo, tranquilo.
- Vale, fui yo.
- No me refiero a eso, había un grupo de cuatro personas, junto a la cabaña. Gracias a que nos fuimos de allí no vinieron más, llamaste la atención con tanta energía.

Dark palideció.

- Encenderé el fuego, las ramas están mojadas y se apagan.

Kirhom extrajo de su vaina su espada, negra como la noche, en su filo se reflejaba toda la habitación. Al colocarla sobre las ramas, Dark vio como éstas estallaban en llamas. La espada se iluminó con su brillo.

- No está manchada.

Kirhom siguió apilando ramas.

- La espada no está manchada. -repitió Dark. -¿Ya la has limpiado?
- Sí.
- ¿Y dónde están las manchas?
- No están.
- Pero... ¿los mataste? A los atacantes de anoche.
- Sí, no me quedó otra. Y no me agradó.
- Pero...
- Eres un poco pesada. -Kirhom lo soltó con el mismo tono de voz, no parecía enfadado. -No hay manchas en la espada, pero sí tengo "un rasguño" y sí había manchas en la ropa. Ecoeoa es especial
- ¿Qué?
- La espada, es muy especial.
- Mierda.
El fuego se apagó de nuevo.

1 comentario:

  1. Una parte tranquilita. A los que me leen, si me lee alguien xDD, lamento la tardanza entre las publicaciones pero ultimamente estoy ocupadete. Hasta la próxima.

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